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La Pareja hoy

Las parejas suelen preguntarse hoy cómo hacer para mantener su interés por el otro, después de pasar muchos años juntos. Nos parece una pregunta bastante extraña. Parece que permanecer al lado del otro es algo difícil. Asistimos a un mundo donde todo es pasajero, efímero, urgente. Vivimos en un sistema totalitario, de la mente desconectada, separada del cuerpo, del corazón, del espíritu, necesitamos nuevos paradigmas. Las viejas fórmulas y los viejos roles ya no nos sirven, los mandatos sociales y los introyectos están cayendo y el sueño del amor romántico y de vivir felices para siempre no se han cumplido. La libertad completa para elegir una pareja es algo bastante reciente, hace unas pocas generaciones que empezamos a elegir. Antes, la familia y la sociedad eran quienes sostenían la institución matrimonial definiendo e imponiendo sus reglas.

En estos tiempos en que nuestro mundo asiste a una crisis total de los valores, necesitamos más que nunca nuevas formas de vincularnos. Creo que poseemos un poderoso vehículo para esto: nuestras relaciones íntimas con aquellos a los que amamos.

La antiguas razones para casarse ya no son convincentes, hay parejas deshechas por todos lados, nadie aguanta a nadie, todo es descartable. Nuestro país (Uruguay) tiene un índice de divorcios altísimo. Necesitamos nuevos conceptos de pareja que nos ayuden a entender qué es lo que la convierte en algo tan difícil. Ya nada nos sirve, sólo estar bien con el otro no nos alcanza. Necesitamos entrar en una conexión más profunda con nuestra esencia, con nuestra verdadera naturaleza, oculta tras todas nuestras máscaras y fachadas.

La pareja es un camino y una oportunidad, un proceso de descubrimiento personal que nos permite descubrir aspectos de nosotros mismos a los que no accedemos cuando estamos solos, o sea un espejo donde se refleja lo mejor y lo peor de nosotros mismos, nuestras luces y nuestras sombras.

La propuesta sería empezar a pensar la pareja desde otro lugar, intentar ver los conflictos como un camino para encontrarnos con nuestras sombras y trascenderlas. Quizás por primera vez en la historia podemos plantearnos este desafío: construir una relación sana.

Estamos tratando de hacer algo único: unir el amor romántico, la pasión sexual y el crecimiento personal en una sola relación y aún más, que sea perdurable. Las parejas han vivido por años juntas sin lograr demasiada intimidad, hoy podemos explorar aspectos desconocidos de nosotros mismos dentro de la relación. Para esto es necesario dejar de lado la fantasía de la pareja ideal y disponernos a aceptar al otro como el otro es, con lo que nos gusta y con lo que no nos gusta, a ser capaces de ver la realidad, respetarla y aceptarla. Ningún ámbito de la vida está tan lleno de expectativas y promesas como el ámbito del amor en la pareja. Las dificultades son parte del camino de la relación. Las relaciones son difíciles porque los seres humanos somos difíciles.

En este enfoque terapéutico que proponemos la idea es que cada persona observe cómo los problemas que se disparan en la relación de pareja, tienen su origen en la propia historia individual. Los problemas básicos en la pareja tienen su raíz en la actitud de desamor hacia nosotros mismos, sentimos
que no nos quieren o que no somos merecedores del amor y esta inseguridad no nos permite confiar en nosotros mismos y menos aún en el otro. Esto nos va debilitando y generando muchos conflictos de pareja que podrían ser evitados. Se va debilitando también nuestra capacidad de dar y recibir amor y así terminamos proyectando y culpando a los demás de nuestro dolor.

El amor disponible siempre parece poco, no es suficiente, todo lo tomamos como personal y como síntoma de desamor. Esta herida que llevamos dentro, muchas veces ni siquiera comienza con nosotros, sino que a veces nos viene transmitida por generaciones. ¿Cómo podemos sanar esta herida? Si miramos en nuestro interior, podemos percibir una cubierta protectora alrededor de nuestro corazón, nos vamos endureciendo y cerrando para no sentir dolor. Esto nos desconecta de nuestro propio corazón y exacerba nuestra convicción de no ser amados Esta desconexión del amor surge en ciertas ocasiones de no habernos sentido acogidos o aceptados en nuestra familia de origen, a veces se produce una herida de manera muy sutil, por lo que sea. La disociación es la estrategia de nuestra mente para no sufrir y para no sentir que no recibimos suficiente amor.

“Esta herida se manifiesta en nuestro cuerpo como vacío, ansiedad, depresión. En las relaciones de pareja se manifiesta como inseguridad, desconfianza, rencor.”

De aquí surgen todos los problemas de pareja. Es que estamos buscando en la pareja un bálsamo para nuestros dolores, estamos buscando en los lugares equivocados, fuera de nosotros mismos, en nuestras relaciones con personas que están tan heridas como nosotros.

Este enfoque terapéutico apunta a un trabajo más específico de cómo sanar nuestras heridas y se centra en ver los recursos internos que tenemos para así poder abrirnos. La idea es mirar a nuestra neurosis amorosamente, animándonos a abrirnos y sentir el dolor. No nos han enseñado a sentir el dolor ni a sostenerlo de modo sanador, por lo tanto lo que hacemos es correr lejos de él, o proyectarlo en los demás. De esta manera nos vamos cerrando cada vez más y desconectando de nosotros mismos.

El agente más poderoso de crecimiento y transformación es un cambio interno, de apertura en esas zonas donde estamos siempre alertas a que no se abran nunca. Este cambio interno sólo puede tener lugar, cuando nuestras dificultades nos tocan realmente, cuando los conflictos no nos permiten relacionarnos.

Por eso, damos la bienvenida a los conflictos, porque son los que nos permitirán abrir nuestro corazón y sanarnos. Resolver los conflictos que se van presentando en las parejas,, no es suficiente para generar relaciones sanas. No necesitamos nuevas técnicas de resolución de conflictos, sino un enfoque totalmente nuevo de las relaciones que nos ayude a crear relaciones de pareja sanas.

La relación es un proceso donde van surgiendo nuevas preguntas y desafíos, que nos obligan a poner luz sobre nuestros aspectos más oscuros. En lugar de detener las difíciles preguntas que plantean las relaciones, la idea es permitir que actúen estimulando nuestra creatividad y fortaleciéndonos. Nos sentimos más seguros cuando creemos que tenemos todas las respuestas, pero las relaciones de pareja generan incertidumbres y desafíos que nos van exponiendo y descubriendo en aquellos aspectos aún sin pulir.

En el trabajo con parejas nos damos cuenta de que tienen dificultades para formular su deseo con claridad, incluso para reconocer qué es lo que quieren. Es más fácil quejarse y atacar que decir lo que deseamos, la queja y la exigencia nos dan un escudo defensivo, en cambio expresar el deseo nos
expone. Parece que decirle al otro cuánto anhelamos su amor, significa dejar caer las defensas y desnudar nuestra alma. Nos cuesta poner al descubierto nuestro deseo de amor. Cuando podemos hacerlo sin culpar, sin reclamar, se da una sensación inmediata de alivio y aparece el verdadero contacto.

Toda nuestra vida nos hemos forzado en lograr el amor, sin darnos cuenta de que está adentro nuestro, a nuestra disposición. Hemos estado tratando de demostrar que merecemos ser amados sin darnos cuenta que nuestra naturaleza misma es amorosa y digna de ser amada. Mientras sigamos en esta colocación la herida funcionará como un hueco dentro nuestro, por donde se va el amor y seguiremos centrados en el amor que no está, en lugar de reconocer el que sí está. Al estar tan centrados en nosotros mismos no podemos ver lo que le pasa al otro. Es nuestro “niño herido” quien
nos hace actuar así, un conjunto de creencias e introyectos que llevamos dentro y rigen nuestros comportamientos. Vamos llevando con nosotros todos los dolores no expresados en la infancia y es en la pareja donde se expresan, haciendo estallar la relación a veces desde los primeros tiempos , en otras ocasiones cuando nos sentimos más afianzados. Reaccionamos aquí y ahora como lo hicimos allá y entonces, nos enojamos de distintas formas, agrediendo, aislándonos, cerrándonos, yéndonos.

La relación de pareja dispara estas heridas y pensamos que es el otro el que las causa. En realidad son nuestras heridas que estaban mudas y ahora encuentran un lugar donde expresarse. Cuanto más unidos nos sentimos al otro, más lugar de expresión tienen nuestras heridas. A veces nos separamos y nos damos cuenta que lo que nos pasa, no tiene tanto que ver con el otro como creíamos, sino con nuestro asuntos no resueltos. Muchas veces la elección de pareja que hacemos tiene que ver con el niño herido que llevamos dentro. Cuando dejamos caer las defensas, empieza el alivio que sana el dolor de las carencias infantiles y cura la herida y ésta es la separación del amor. Aquí comenzamos a ver la relación bajo una lente nueva: como un campo de trabajo que nos da la oportunidad de transformarnos.

La relación nos muestra dónde estamos congelados y cerrados, dónde están nuestros miedos, dónde tenemos dificultad de hacer contacto. Cuando las parejas aprenden a hablar sobre sus heridas interiores y salen de la pelea y de las reacciones emocionales, se ayudan a permanecer más conscientes. Así las dificultades de la relación, se convierten en oportunidades para profundizar nuestra capacidad de hacer contacto con nuestras emociones, crecer y sanarnos.

De esta manera asistiremos a parejas que se nutren expresándose el reconocimiento hacia lo que el otro es, en lugar de convertir este espacio sagrado en un campo de batalla.

Mabel García
Terapeuta Gestáltica
Docente CGSI